Diario de Jerez, 28.09.13
Bernardo Palomo , Doctor en Historia del Arte y
Crítico de Arte
LA pintura
figurativa, aquella que representa e ilustra lo concreto, adquiere a veces
posiciones que traspasan lo real y desentrañan un universo de mediatas
posibilidades. Tal estamento se ha dado a lo largo de la historia de la
pintura, concediéndosele al autor todo tipo de libertades para que expanda su
potencial expresivo y toda su carga conceptual. Los desenlaces ilustrativos
llegaban a ser infinitos y con toda suerte de manifestaciones, salidas de los
recónditos escenarios que posibilitaban una mente comprometida, a veces, muy
comprometida. Esa recreación de episodios de imposible naturaleza y desarrollos
significativos sólo abarcables con los arbitrarios criterios de lo subjetivo
generan planteamientos de abierto sentido conceptual y libre dimensión
ilustrativa. Esta realidad mediata tuvo su especialísima proyección con las
primeras vanguardias donde, primero dadaísmo y, posteriormente, surrealismo
dejaron infinita huella estética y abrieron rutas artísticas de absoluta y
determinante trascendencia para la Historia del Arte.
Juan Manuel Sánchez Padilla es un autor, nuevo en esta plaza que, lejos de presentarse en el escenario expositivo con una pintura formulada con modos y medios interpretativos basados en la simple manifestación de lo más cercano, da un paso más y comparece con una obra totalmente ajena a la mera representación realista, sin más. La pintura que podemos contemplar en la segunda planta de la sede del Ateneo jerezano se aparta de lo real y se adentra por espacios alejados de lo más inmediato. El autor transcribe un universo de sensaciones, de sentimientos, de emociones, relatora de un mundo presentido, sujeto a los estamentos de la mente, a los espacios oníricos, a los trasfondos de una existencia compleja, a contracorriente, altamente cuestionable y con muchísimos matices.
Juan Manuel Sánchez Padilla realiza una transcripción apasionada de una sociedad sugerida, presentida, invocada y hasta añorada, con sus infinitas máculas, sus indefiniciones y sus espurias circunstancias. En su pintura se desarrolla un escenario de imposibles que sirve para que en él tenga su sitio un paisaje realizado con retazos de vivencias, de anhelos y, también, de esas circunstancias poco agradables que acontecen en esta sociedad injusta.
El nuevo
pintor, con una intención artística muy diferente a lo que es habitual, nos
consigue posicionar en una pintura donde lo pararreal establece distancias con
un mundo cercano y previsible. La pintura de Sánchez Padilla nos transporta a
aquellas coordenadas de especialísima significación, donde todo era posible y
que marcó un tiempo y un espacio artístico de suma proyección y trascendencia
y, además, nos plantea un meditado y comprometido ejercicio social, dejando
entrever - quizás demasiado - un desarrollo de denuncia sobre esa sociedad
inestable y con más sombras que luces.
Buen debut de este autor al que debemos seguir por su entusiasmo creativo diferente.
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